No sabemos si desde que Mariano se tomó la copa de cava en un alarde españolismo, de cordura, o de las dos cosas a la vez, a la humilde plebe se le ha pasado la euforia por el boicoteo del espumoso cuatribarrado y de cualquier otro producto sospechoso de ser producido por consumidores de butifarra.
¿El fin del boicot
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