Es el enésimo capítulo del sainete nacional, de la tragicomedia estepaisana. El guionista, esquirol en la causa hollywoodiana, propone en su última entrega un escenario quasi-esperpéntico, abandona el rosa telenovelero de los últimos dos años y nos insinúa con segundos planos sutilmente descritos lo que está por venir.
No hay pitos en los palcos del PSOE, ni pataletas en los del PP
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