Cuando un entrenador de fútbol entra en política, debería hacerlo como si preparase un patido de fútbol. Se estudia concienzudamente al equipo contrario o el estado del terreno de juego, pero sobre todo, se mira muy bien la propia plantilla: quién está en mejor momento de forma, cómo evolucionan los lesionados, quién se esfuerza más en los entrenamientos y quien se ajusta mejor al esquema de juego elegido para la gran final.
Pep Guardiola ante el reto (independentista) de su vida
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