El verdadero veneno de nuestra sociedad no es la desigualdad, sino la gestión política de la envidia. La pobreza sólo podrá ser superada cuando superemos la envidia y aceptemos con naturaldad la riqueza de otros, también la de las grandes fortunas, dejando a un lado las preguntas sobre cómo llegaron esos ricos a serlo para pasar a preguntarnos cómo podemos nosotros alcanzar metas similares.
La riqueza de los ricos no es el problema
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