No es la primera vez que comentamos desde estas líneas el gravísimo error que cometió la canciller Merkel al cerrar ocho de los reactores nucleares alemanes debido a la histeria colectiva sufrida tras Fukushima. Poco más de un año después de aquella decisión, las consecuencias que algunos pronosticábamos no solo se han hecho realidad, sino que han ido más allá de lo predecible.
Llamazares y sus cosas
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